martes, 3 de mayo de 2016

Relato:Rosas de amor PARTE I


Rosas de amor

Alejandra tenía veinticinco años y estaba orgullosa de su floristería a las afueras de Buenos Aires. No le gustaba la gran urbe y con mucho esfuerzo y dedicación su negocio había prosperado aunque no estuviera en el centro de Capital Federal.Adoraba vivir en la zona sur donde los árboles rodeaban todo y cada casa tenía un jardín poblado de ellos y otras plantas.Sus planes no sólo abarcaban el negocio de las flores. Con los años había estudiado muchos cursos de diseño de jardines y su última afición era la aromaterapia.

Pero su ordenado mundo cambió una tarde cuando un auto de alta gama se detuvo en la vereda y el hombre más atractivo del mundo bajó a comprar flores para su madre.

—Buenas tardes. Soy Agustín y estoy buscando rosa blancas para mi madre —dijo con gesto cansado.

—Buenas tardes señor, llego al sitio indicado. Tenemos rosas frescas.

—Gracias a Dios. Mi padre va a volverme loco. Quiere un arreglo de rosas para una cita romántica con mi madre y como está ocupado en una reunión me ofrecí a ayudarlo —explicó él.

—Se lo puedo tener preparado en media hora —dijo ella saliendo del mostrador —.Voy a pedir que le traigan una café mientras espera.

—Me parece bien —dijo él mirando a la mujer.

De repente sintió curiosidad por esa mujer. Sus ojos azules contrastaban con el azabache de su cabello. Bebió el café que le dieron con muchas ganas ya que era riquísimo. La media hora pasó rápido y ella regresó con un impresionante arreglo de rosas.

—Es hermoso —dijo él maravillado por su trabajo.

—Gracias. Estoy segura de que a tú madre le va a encantar —dijo ella sonriendo.

—El agradecido soy yo. No sólo pude encontrar las flores sino que encontré una mujer hermosa.

Ella rió y ese fue el comienzo. Agustín iba a la floristería todos los días a comprar flores hasta que dos semanas después la convenció para salir con él. Acostumbrado como estaba a conquistar a las mujeres, Alejandra no fue la excepción. Pero esta vez la situación era diferente. Por lo general se cansaba de la compañía femenina a las dos semanas. Con Alejandra jamás se aburría y se la había presentado a toda la familia. Ella era una mujer con la que podía hablar de todo y en poco tiempo le confesó su pasado con Mara.

—Mara y yo salíamos desde el colegio. Cuando cumplimos veinte años nos comprometimos y estuvimos dos años juntos pero ella me dejo una semana antes del casamiento. Al parecer siempre estuvo enamorada de mi hermano.

—Dios mío debiste sufrir mucho —dijo ella abrazándolo.

—Era joven y creí que me recuperaría fácilmente. Por otro lado no podía hacer nada. Ellos se amaban y siguen haciéndolo —dijo él.

—¿Todavía la amas? —preguntó.

—No quiero herirte .Quizás mi corazón me engaña y me sigo aferrando a ese pasado—dijo él cerrando los ojos.

—Es mejor saber la verdad —dijo ella rozando sus labios.

—No te estoy usando para olvidarme de ella —dijo tomando sus manos para besarla.

—Shh no tienes que decir nada. Y aunque fuera así era inevitable que me enamorará de ti. Fue amor a primera vista —dijo pasando las manos por su cuello para atraerlo hacía ella.

Alejandra era optimista por naturaleza y no iba a renunciar a él.

—Alejandra eres un regalo del cielo —dijo él besándola.

—Mmm tú si sabes halagar a una chicas después de decir que estás enamorada de otra —dijo riendo.

—Jajá bromista —dijo sacándole el vestido rosa con flores blancas.

—Quiero hacer el amor —dijo ella.

—Estoy en ello —dijo riendo por fin.

—Te amo Agustín —dijo ella y lo besó antes de que él dijera algo.

—Yo…

—No te pido nada más de lo que estés dispuesto a darme. Pero eso no significa que renuncie a ti.

—Desearía hacerte feliz. Lo mereces más que nadie —dijo él.

—Me haces feliz y sé que tarde o temprano voy a conseguir lo que quiero —dijo besando su cuello.

La forma que ella tenía de hacer el amor era una mezcla de ternura y sensualidad. La noche pasó deprisa y faltaba un día para la boda del hermano de él. Viajaron juntos a la propiedad que la familia de Agustín poseía en Mendoza. Alejandra se sorprendió cuando le presentaron a la pareja. Era como si nada hubiera pasado entre ellos.

—Estamos muy felices de conocerte por fin. Agustín nos hablo mucho de ti —dijo Mara.

—Bienvenida cuñada —dijo Juan.

—Gracias a los dos. Les deseo lo mejor para mañana —dijo abrazada a Agustín.

Luego de reunirse con la madre de él decidieron dar una vuelta por la propiedad. Se pararon en una arbolada de Sauces para descansar.

—Este lugar es hermoso Agustín —dijo ella.

—Lo es. Perteneció a la familia durante generaciones y mi abuelo decidió que sería yo quién dirigiera la estancia a su muerte. Aunque soy abogado me gustaría retirarme aquí.

Siguieron caminando hasta que llegó la hora de reunirse con los demás y el día pareció pasar rápidamente.El día de la boda amaneció soleado. La primavera llegaba en todo su esplendor y al ver el jardín de flores Alejandra no resistió y bajó a verlo. Un rosal llamó su atención pero se detuvo en seco cuando vio a Mara y Agustín abrazados.

—Me alegro tanto de que compartieras este momento con nosotros.

—Nada cambiará lo que siento Mara —dijo él besando su mejilla.

Alejandra salió corriendo sin que ellos se dieran cuenta. Ya en su habitación dejo que las lágrimas inundaran su rostro. Lo más rápido que pudo metió sus cosas en una maleta y salió de la casa usando el auto de él.

—Eres una estúpida Alejandra —dijo llorando.

Las flores que fueron testigo de tantas alegrías para ella hoy presenciaban su fracaso amoroso. Apenas llego al aeropuerto sacó un pasaje a Chile pues estaba segura de que él no la encontraría.Llamó a sus padres para avisarle lo sucedido y aunque querían estar con ella les pidió que respetarán su decisión y no le dijeran a Agustín donde estaba.

—Serán una merecidas vacaciones —dijo mirando a un bebé que esperaba con su madre el vuelo.