lunes, 25 de abril de 2016

Relato:tormenta de verano





Tormenta de verano

Lara miraba sin mirar la ventana de la clínica mientras afuera llovía en un típico de día de invierno en Buenos Aires. No quería pensar en nada de lo sucedido en los últimos meses. Le parecía que esa no era su vida ¿Dónde había ido a parar los días como una tranquila secretaria?.La respuesta era simple. Patricio Vega.Una noche adornada por una típica tormenta de verano bastó para que la relación de ellos de simple jefe y secretaria se fuera al diablo.Podría culpar a la fecha por cierto.San Valentín se había convertido en Argentina en una fecha que con el paso de los años todos festejaban y fue inevitable caer en los brazos de Patricio.

Lo que vino después jamás pudo haberlo imaginado ni en sus peores pesadillas.

Patricio creía que le había tendido una trampa para casarse con él pero estaba muy equivocado. Claro que él no la escuchaba y ella cansada de los malos tratos verbales desistió de hacerlo entrar en razón. La noticia de su embarazo meses atrás fue recibida por él con insultos y amenazas. Semanas después se casaban en la boda soñada por cualquier mujer claro que él la organizó para que su familia no sospechara nada y comenzaba así su tormento. Él desfilaba por toda la ciudad colgado de mujeres y nunca dormía en la casa donde la instaló. Si pasaba, solo era para propinarle insultos sin fin. Una tarde cuando cumplía los dos meses de embarazo él llego y volvieron a discutir. Como siempre creyó morir un poquito por dentro ante sus palabras y ahora le sumaba el creer que lo engañaba con su hermano.

―Lo que dices es absurdo. No hay nada entre tú hermano y yo él simplemente se preocupa por mi… ―trató de explicarle.

No pudo seguir hablando porque un dolor fuerte en su vientre la sumergió en la oscuridad. Despertó en la clínica bajo la mirada furiosa de su esposo.

―¿Mi bebé? ―preguntó ella con lágrimas en los ojos.

El se acercó a la cama y tomó su mano mirando a los ojos. Muriel no tenía más que preguntar sabía muy bien la respuesta.

―Lo siente Lara. Perdimos al bebé ―dijo abrazándola.

Lloró en el hombro del hombre que amaba y por primera vez en meses lo sintió cerca. La sensación duro poco ya que vinieron a sedarla.

―Duerme ―susurró él.

―No te vayas Patricio ―rogó sin importarle nada.

―Aquí me quedaré duerme ―dijo acariciando su mejilla.

Lara se vio sumergida en una pesadilla donde Patricio la abandonaba ya que nada los unia.Parecía tan real verlo alejarse de ella. No quería dejarlo ir no todavía cuando lo necesitaba tanto. Gritó y gritó hasta que unos fuertes brazos la sostuvieron y una voz la obligó a salir del sueño.

―Shh Lara todo está bien ―dijo él abrazándola.

―Nuestro bebé ―dijo ella llorando incontrolablemente.

Una enfermera entró y decidieron sedarla. Lo último que vio fue el rostro preocupado de su marido. Los días fueron pasando y después de una semana volvió a su casa donde Patricio pensaba quedarse a cuidarla. Eso la tomó desprevenida y albergó esperanzas sobre su futuro con él pero antes debía dejarlo libre. Una tarde cuando ya se cumplía un mes de la pérdida de su bebé en pleno invierno habló con él sobre el divorcio.

―Ahora que nada nos ata deberías hablar con tus abogados para empezar los trámites del divorcio ―dijo ella acurrucada en el sofá.

Patricio pensó que esa no era la actitud de una cazafortunas por el contrario ella nunca se acercaba a él ni le reclamaba por la muerte de su hijo. Muriel iba a dejarlo solo que él no se lo permitiría.

―¿Por qué quieres del divorcio? ―preguntó caminando hacía ella.

Lara tenía los ojos fijos en la manta que cubría sus piernas. Cuando lo sintió cerca levantó la vista y esos hermosos ojos negros la recibieron.

―Dame las razones ―dijo él poniéndose de rodillas mientras su mano levantaba el rostro de su mujer.

―Ya no hay razones para seguir casados. Nuestro bebé murió ―dijo con lágrimas que inundaron sus mejillas.

―Tienes razón ya no hay razones para seguir casados ―dijo acercándose peligrosamente a ella.

El perfume de ese hombre amenazaba con volverla loca y sintió que a él le pasaba algo similar cuando respiró hondo. Él cerró los ojos y ella sintió como sus labios recibían la tierna caricia de Patricio.

―Tendremos que crear nuevas razones para seguir casados ―dijo besándola sin piedad―.Y a mí se me ocurren muchas.

―Patricio ―logró decir ella sin aliento.

Lara no podía creer lo que estaba sucediendo y casi se quedó sin respiración cuando él la levantó en brazos y la llevo a su habitación. Al diablo con la cautela dejaría que le hiciera él amor no había mejor manera de despedirse de él. Patricio pareció leerle la mente porque cuando la situó en el centro de la cama le dijo.

―Esto es un comienzo ―dijo besando su mejilla.

Todo era tan distinto de la primera vez que hicieron el amor. Por empezar ninguno de los dos pondría excusas y por la mañana recordarían perfectamente las causas de su unión.

―Eres hermosa ―dijo él sacándole lentamente la ropa.

Patricio agradeció el sencillo vestido negro que tenía puesto ya que en pocos minutos perdería el control. Besó su cuello y se embriago con el perfume de ella. Rosas.

Ella luchaba con la camisa de él y cuando logró sacarla sus ojos se deleitaron con la visión de la perfección masculina. Entendía perfectamente porque tantas mujeres suspiraban por él. Sus miradas se encontraron y el comenzó a sacarle la ropa interior.

Lara era la perfección hecha mujer. Pequeña y con curvas que él conquistaría esa noche.Su cabello era una mezcla de marrones y sus ojos eran almendrados. Consciente de que no aguantaría mucho depositó suaves besos en su cuerpo hasta que llego al centro femenino donde se dio un banquete mientras de fondo se escuchaban los gemidos de ella.

―Patricio por favor ―dijo ella al borde del orgasmo.

―Si pequeña ―dijo él cariñosamente mientras se colocaba entre sus piernas.

Sentirlo en ella fue la sensación más grandiosa de su vida. Con cada embestida él parecía alejar todo el dolor de su vida. No quería pensar solo sentirlo así con ella en sus brazos.

―Patricio no puedo más …―pero no continuó ya que él la llevo a la cumbre del placer.

Mientras ella seguí consumida por el orgasmo Patricio sintió las llamas del deseo empezar a consumirlo.

―Dios mío ―dijo antes de gritar y acompañar a Lara al cielo del placer.

Abrazos y aún unidos sus cuerpos ninguno de los dos dijo nada. Se limitaron a seguir abrazados pero cuando él escuchó la respiración acompasada de ella sonrió. Por la mañana hablaría con ella y dejarían el pasado atrás. Su mente rebosaba de planes para el futuro y todos incluían a esa hermosa mujer que amaba.

La mañana encontró a Lara en brazos de Patricio. Trató de liberarse pero las fuertes manos de él se lo impidieron.

―¿Escapando? ―preguntó él son una sonrisa imposible de resistir.

―Yo…

―Sé que tenemos que hablar de muchas cosas pero en lo único que puedo pensar es en amarte.Déjame amarte ―rogo él.

Salieron de la cama y se bañaron juntos. El baño se intercalo con las caricias expertas de él y cuando la apoyo contra la pared para hacerle el amor tuvo que admitir que lo amaba.

―Disculpa si fui brusco ―dijo él respirando con dificultad ― ¿Estás bien?

―Si ―dijo ella esbozando una sonrisa para tranquilizarlo.

―Entonces vamos a vestirnos para desayunar ―dijo él besando su mano.

Una vez que el ama de llaves terminó de servir el desayuno y se quedaron solos él se levantó y la colocó en su regazo.

―¿Qué haces? ―preguntó ella removiéndose pero se detuvo al sentirlo excitado.

―Tienes que desayunar y como es nuestro primer día de matrimonio quiero mimarte ¿Me dejas cuidarte?

Ella asintió y comenzó a darle frutas en la boca. Jamás había visto ese lado tierno de Patricio y le gustaba que ella fuera quién lo descubriera.

―¿Más fruta? ―preguntó él pero ella estaba satisfecha.

Lara intentó bajarse de su regazo pero la sostuvo impidiendo su huida.

―Tenemos que hablar. Sé que me comporté como un idiota al enterarme de que estabas embarazada solo diré como excusa que en el pasado una mujer con la que salía me hizo creer que esperaba un hijo mío pero era de mi mejor amigo.

―¿Qué sucedió?.

―Cuando no consiguió nada aborto.

―Dios ¿Cómo pudo hacer eso? Sufriste ―afirmó ella.

―Sufrí por la mujer que creía amar y por la traición. Por eso cuando me dijiste lo del embarazo yo me porte como un desgraciado.

―Lo entiendo ―dijo ella acariciando su rostro.

―Por ahora me conformó con que lo entiendas y en el futuro espero puedas perdonar mi comportamientos estos meses. Desde que nos casamos no estuve con otra mujer ¿Me crees?.

Ella lo observó así tan arrepentido y vulnerable que era increíble que ese mismo hombre le hubiese causado tanto dolor. Al ver sus ojos suplicantes no podía dejar de creerle. Que el mundo pensará que era una ilusa por darle una oportunidad pero no tenía fuerzas para apartarlo de su lado.

―Te creo ―declaró ella.

―Gracias. Hoy comienza nuestro matrimonio y quiero…

Su móvil interrumpió la conversación y aunque no deseaba atender podría ser algo importante.

―¿Qué diablos sucede? ―preguntó y su mujer se rió de él al ver su rostro enojado.

Cariñosamente y cegada por el amor empezó con suaves caricias en su rostro hasta que se le antojo besar su cuello. Su exquisito aroma estaba haciendo estragos en su cuerpo. Cuando por fin termino de hablar su cara expresaba malas noticias.

―Tienes que ir a la constructora ―dijo ella.

―Si al parecer mi maravilloso hermano no firmo los papeles para la última construcción. No sé cuanto tardaré pero…

―Shh ―dijo ella poniendo un dedo sobre sus labios―.Voy a preparar la cena, una cena muy especial. Con postre incluido ―dijo riendo cuando los labios de él descendieron sobre ella.

―Último beso y me voy ―dijo sonriente.

Se despidieron entre besos amorosos. Lara corrió al dormitorio para tirarse en la cama y respirar de nuevo el perfume del amor de su vida.

―Señora Vega tiene visitas ―dijo su ama de llaves desde la puerta.

―¿Quién es? ―preguntó.

―Su cuñado ―dijo la mujer―.Por cierto me alegro mucho por usted y el señor. Merecen ser felices.

―Gracias Ana ―dijo ella.

Al llegar al jardín se encontró con Ariel y una mirada de furia dirigida a ella.

―Hola Ariel ¿Cómo estás?

―¿Por qué sigues con él? ―preguntó casi gritando.

―Soy su esposa y no tienes derecho a hacerme esa pregunta. Lo que pase entre Patricio y yo es algo de ambos.

―Él jamás te amará puedes estar segura. En cambio yo te daría todo ―dijo acercándose a ella.

―No te me acerques. Creí que era mi amigo pero ahora veo cuan equivocada estaba. No le diré nada a tú hermano pero vete ―dijo ella lo más tranquila que pudo.

―Lucharé por ti Lara.

―Yo también lucharé porque amo a Patricio y nada ni nadie me separara de él.

Lara cerró los ojos furiosa ante la amenaza de Ariel. Cuando los abrió los ojos de Patricio parecían los de un guerrero a punto de entrar a batalla.

― Lara fue muy claro querido hermano ―dijo él con sarcasmo.

Ella se paralizó ante el temor de un enfrentamiento pero Patricio se encontraba controlado lo cual era un milagro dadas las circunstancias.

―Tú no la mereces. Ella sería feliz a mi lado.

―Ella es feliz a mi lado. Lo único que te queda es irte y dejar de hacer el ridículo con una mujer que ama a su marido.

Ariel la miró buscando una esperanza pero se desvaneció al verla dirigirse a su hermano para abrazarlo. Cuando la puerta se cerró ella dejó salir lágrimas pero no sabía si de alegría o tristeza.

―No te preocupes Ariel sabe que no debe acercarse a ti.

―Te juro que no nunca le di esperanzas ―dijo ella sollozando.

―Lo sé amor y quizás después de todo si serías más feliz con él pero como soy un hombre egoísta te quiero solo para mí. Aunque me lleve toda la vida lograré que me perdones y te haré la mujer más feliz del mundo. Te amo ―dijo besando su cabello.

―Te amo ―dijo ella aferrada a él.

Su matrimonio había empezado por las razones equivocadas pero la nueva oportunidad que les dio la vida la aprovecharon hablando de los errores cometidos, pidiendo perdón y jurándose amor eterno.



Un año después en pleno verano y con una tormenta sobre Buenos Aires Patricio acariciaba la espalda desnuda de mujer en la cama. Ella se dio vuelta y el suspiró al ver su abultado vientre que albergaba a su hijo. Les llevo tiempo pero en ese momento se miraron sabiendo que se amaban y serían felices siempre.