lunes, 18 de abril de 2016

Relato:La princesa de hielo PARTE I

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Buenos Aires volvía a amanecer soleada aunque la temperatura contradijera al mes de noviembre.Sentada en el jardín de su casa ubicada en el exclusivo country La Alameda, Muriel Dominguez era una princesa en su reino.Todos la consideraban la niña mimada de Buenos Aires.Muriel sin duda se sentía así pero no estaba a gusto con ese título concedido desde muy pequeña.Sabía a ciencia cierta que muchos la criticaban por considerarla una mujer fría ajena a los escándalos de ricos y famosos ¿Quiénes se consideraban todos para criticarla?.Nadie la conocía en verdad.Sólo porque no quisiera salir con los mujeriegos vulgares que pululaban en Baires no significaba que no tuviera sangre en la venas.Además los nuevos ricos le causaban dolor de cabeza.Podía sonar algo arrogante pero el mundo de los famosos le parecía demasiado vulgar y ella pertenecía a la aristocracia terrateniente del país. Muriel tenía una familia muy grande y todos ellos grandes propietarios de las más hermosas estancias que poseía Argentina.Una parte de su familia se dedicaba al ganado vacuno y la otra a los caballos de polo.Como Relaciones públicas de las empresas Dominguez su reputación era impecable aunque la llamaran la reina de hielo.Suspiro cansada al ver una nota de ella en una revista de sociedad.En la nota se preguntaban cuándo iba a casarse, quién sería el hombre que derritiera el hielo.Se consideraba bonita para que negarlo, pensó sonriendo.Todo se lo debía a su madre,de ella había heredado su cabello color castaño y si bien era un color muy común las ondas le daban un aspecto genial.Los ojos casi grises ya era cosa de su padre.Si era bonita y no por eso tenía que casarse a los veintidós.Molesta con todo tiró la revista y fue a parar a los pies del hombre de sus sueños.

—Buenos días princesa — dijo él.

Maximiliano Alvarez.No habían palabras para describir al hombre del cual estaba enamorada, sin ser correspondida claro.

Maximiliano tomó la revista sonriendo.

—La princesa de hielo —leyó el titular—.No deberías leer esta basura.

—Hola Maxi—dijo ella sonriendo sin poder evitarlo.

Maximiliano le devolvió la sonrisa y se acerco para darle un beso en la mejilla como era costumbre en Argentina.Después de vivir tantos años en el extranjero a veces se le olvidaba hasta el saludo.Su regreso tenía una única culpable:Muriel.Había sido duro esperar hasta que creciera pero era esa la promesa que le había hecho a Renzo Dominguez,el padre de la joven.Ocho años no eran mucho ahora que él tenía treinta y ella veintidos.

Maximiliano se sentó junto a ella y una de las empleadas le preguntó si quería desayunar.

—Por supuesto Clara, por nada del mundo me perdería un desayuno preparado con esas manos tan sabias —dijo él sonriendo.

—Adulador.Pero ni creas que me vas a robar a Clarita—dijo ella bromeando.

—La esperanza es lo último que se pierde —respondió é— ¿Dónde está tú padre?.

—Hablando con el organizador de mi fiesta sorpresa —dijo ella riendo.

—Pues será la fiesta sorpresa más anunciada del mundo.Pero bueno al menos mí regalo si va a ser sorpresa —dijo él.

—¿Sí? ¿No puedes darme un adelanto—preguntó ella.

—Jamás he podido negarte nada mi princesa —dijo él.

Muriel abrió los ojos sorprendida al ver que él se inclinaba hacía ella para... si iba a besarla.Cerró los ojos y sintió sus labios en la mejilla, sin poder evitarlo sus manos rodearon el cuello masculino.Enterró sus manos en el negro cabello de Maxi y el beso la transportó a otra dimensión.

—Maximiliano—gritó una voz masculina que ambos conocían.



Renzo Dominguez estaba detrás de ellos con una mirada asesina.