lunes, 14 de marzo de 2016

Relato:la persona más valiosa


La persona más valiosa


Brenda daba los últimos toques a la mesa navideña pensando en lo mucho que extrañaría a Ismael. Claro que no podía imaginarse a Ismael Ruiz Díaz festejando las fiestas en un simple barrio del Conurbano Bonaerense. No claro que no. Él tenía su vida en la ciudad y festejaría Navidad en la mansión situada en Puerto Madero, uno de los lugares más costosos de Buenos Aires.

—Pero te llamara el veinticinco de seguro —dijo en voz alta para convencerse.

Una sonrisa iluminó su rostro al recordar cómo se conoció con él. Como de costumbre las protestas en Buenos Aires hacían que muchas personas tomarán otros caminos para llegar a su destino y un día en que Ismael estaba de mal humor se perdió. A Brenda le gustaba pensar que fue el destino quien lo puso en su camino y dictaminó que su auto se parara en la vereda de su estética. Ella sin dudarlo le ofreció ayuda mientras sus miradas quedaban prendadas para siempre.

Todo empezó con un masaje ya que ella era masajista y él necesitaba relajarse de sus negocios. Primero fue una vez a la semana y luego se apareció en su local para plantarle un beso y prácticamente ordenarle que fueran novios. Tres años pasaron desde entonces y seguían juntos.

Pero no todo era rosa ya que cuando Ismael le presentó a su familia no hicieron más que despreciarla. Ella sabía que no era la mujer indicada para él pero no podía dejar de amarlo y por otro lado él se negaba rotundamente a dejarla marchar.

—Tenemos que darles tiempo —dijo él para tranquilizarla.

Lejos de estar tranquila las fiestas no hicieron otra cosa sino angustiarla. Por su naturaleza comprensiva entendía que él pasaría las fiestas con su familia y aunque la invito, declinó la propuesta alegando que siempre pasaba las fiestas con sus amigos. No era una mentira en su totalidad porque al no tener familia sus amigos siempre la acompañaban en esas fechas.

Los invitados fueron llegando, la celebración llegó a su apogeo entre risas y abrazos. El calor era insoportable por lo cual salieron al jardín a disfrutar de los fuegos artificiales. A pesar de todo no se imaginaba pasando Navidad en otro parte del mundo.

—New York es lindo en Navidad —dijo él en una ocasión.

—Si tú lo dices pero yo prefiero el calor de mi Buenos Aires querido —dijo ella entonando las frases como si fuese un tango.

Las risas de sus amigos la sacaron de las ensoñaciones y regresó a disfrutar de la fiesta. Cerca de las cuatro de la mañana todos se fueron y ella cerró las puertas dejando libre a su enorme perro Asrael, un perro siberiano que adoraba a Ismael. Luego buscó a su gato Romeo.

—Vamos al jardín Asrael, Romeo —dijo y sus mascotas la siguieron.

Limpiaría las cosas mañana así el tiempo se le pasaría volando mientras esperaba la llamada de su amor.

—Feliz Navidad mi amor —dijo mirando hacía la noche y sentada en la hamaca que muchas noches los cobijaba.

—Feliz Navidad —dijo una voz masculina.

Brenda se levantó y lo vio allí de pie. No pudo evitar admirar su belleza. Cabello corto y negro al igual que sus ojos y esa piel morena que tanto la enloquecía. Sin pensarlo dos veces fue a su encuentro arrojándose a sus brazos.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella.

—Aquí es donde debo estar —dijo él rozando sus labios.

—Pero…

—Shh —dijo él para callarla con otro beso.

No necesito más y él la llevó a la habitación donde lo único que importaba era que se amaban. La puso enfrente de la cama tomando el rostro de ella en sus manos.


—Te amo tanto que me duele estar sin ti. Fue un error pasar las fiestas separados.

—Debes estar con tú familia —dijo ella acariciando su espalda.

—No —dijo él cerrando los ojos—.Mi lugar está aquí junto a ti. Fui un necio en pensar lo contrario.

—No quiero separarte de tú familia Ismael.

—No me separas de ellos. Tú eres la única víctima en esta situación por ser tan generosa —dijo bromeando.


—Creí que era lo mejor y pensé que cambiarían con el tiempo ¿Qué pasó esta noche? —preguntó.

—Les conté mis planes para el futuro.

—Planes…

—Nuestra boda y no aceptó un no como respuesta ¿No te imaginabas que el próximo paso era el matrimonio? Estamos juntos hace tres años—dijo él con voz ronca.

Ella sonrío encantada con sus palabras de amor. Lentamente le sacó el vestido y la desnudó presurosamente entre gemidos de ambos.

—Te amo tanto —dijo ella besando su cuello.


—Te amo —dijo él.

Se amaron lentamente la primera vez y con locura la siguiente. Acurrucados se miraron a los ojos diciéndose miles de cosas sin necesidad de palabras. Ismael sintió que tenía el mundo en sus manos al ver la sonrisa de Brenda. Ella acarició su rostro pensando en lo afortunada que era al tener a ese hombre poderoso a su lado dispuesto a darle su lugar. Luego de tres años para ella la relación seguía su curso natural pero nunca pensó que él sintiera un amor tan profundo como ella.

—Gracias amor —dijo ella y él la besó lentamente iniciando la pasión nuevamente entre ellos.


—Gracias a ti. Eres mi mundo —declaró él.

El amanecer los encontró juntos como los encontraría el resto de sus vidas.