lunes, 13 de marzo de 2017

Amor culpable.Capítulo 12


Capítulo 12


Una semana después las cosas parecían haber mejorado y Luján ya no tenía fuerzas para luchar contra Genaro.Se había instalado en su casa y hasta hablaron de la boda.

—No voy a perder el tiempo pidiéndote que te cases conmigo.Nos vamos a casar y punto —declaró él.

Luján estalló en carcajadas y le dijo que sí.El nuevo Genaro le encantaba era un hombre firme y decidido.Era el hombre que siempre debió ser si las circunstancias no hubiesen complotado contra ellos.Pero ya nada importaba, era una mujer adulta y tenía que pensar en su futuro.Ahora entendía las razones que obligaron a Genaro a mentirle.La felicidad parecía rodearla en todo momento y Luz no hacía más que resaltar toda la alegría que vivían.Hasta se estaba planteando dejar de trabajar tantas horas para pasar tiempo en casa con la niña.

—Luz hazme caso.Se incendía la cena y tengo hambre —gritó la niña a su lado tirando de su vestido.

La niña la sacó de sus pensamientos abruptamente dándose cuenta de que estaba cocinando y algo se quemaba.

—Se quemó —dijo Luján viendo al comida y amabas rieron.

Luz reía y bailaba alrededor de ella.

—Se quemo se quemo —repetía la niña como si fuera una canción.

—Creo que ahora tú papi va a echarme de la casa —dijo en broma abrazando a Luz entre risas.

—Jamás —dijo Genaro desde la puerta de la cocina.

—Papi —dijo corriendo Luz.

—Hola princesa ¿Estaban cocinando? —preguntó con tono divertido.

—Luján quemó la comida.Otra vez —dijo en voz baja riendo.

—Pobre comida —dijo él haciéndolo cosquillas a la pequeña que no paraba de reir.

—Bueno ¿Dónde está la señora Rosa? —dijo él preguntando por el ama de llaves.

—Les di el día libre a todos.Creí que podría cocinar algo pero…

—Pediremos pizza ¿Qué les parece? —dijo él.

—Si—dijo Luz.

—Ve a lavarte las manos mientras pido la comida princesa.

La niña se fue dando saltitos y lazando besos.Obviamente eso lo había aprendido de Alejo quien tenía ínfulas de divo como su madrina, Milagros, la cual se encontraba increíblemente tranquila en Mendoza.

—Hola —dijo él acercándose a Luján para rozar sus labios.

Todavía le parecía irreal tenerla así en su casa y en sus brazos pero poco a poco empezaba a disfrutar de la vida que tantos años atrás había deseado.Lejos quedaba la soledad y el dolor.Todo gracias a la mujer que tenía enfrente.

—Hola —apenas dijo ella con los ojos cerrados—.Voy a pedir la cena mientras tú te das una ducha y te sacas ese traje .

—Creí que te gustaban los hombres de traje —dijo bromeando.

—Esa es Milagros y a mí me gustas tú con cualquier ropa y más aún sin ella.

—Oh eso sonó a promesa —dijo besándola hasta que los dos jadearon de placer.

—Más tarde seguimos.Luz tiene hambre —dijo ella sonriendo.

—Bien —dijo él y la abrazó antes de irse.

Genaro subió las escaleras pensando en que su vida era perfecta salvo un detalle.La amenaza de Melisa Campos cada vez era más fuerte ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo afrontaría Luján las cosas? Si bien no existían más secretos entre ellos no quería que la paz que tenían se destruyera por las mentiras de esa maldita mujer.

Se duchó rápidamente y al bajar se encontró con el rostro pálido de Luján quien sostenía entre sus manos una carta.

—Luján —dijo él.

Ella levantó el rostro llenó de lagrimas que corrían libremente.Genaro tomó el papel y lo que leyó heló su sangre.


Desde ahora no tendrás paz Luján.Todo el mundo va a saber que eras la amante  de un hombre casado mientras  su mujer  embarazada agonizaba en una clínica.

1 comentario:

  1. Milagros tranquila en Mendoza, me da escalofrios, jaja. Pobre Lujan horrible la carta; odio a Melisa. Besos Dani

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