miércoles, 11 de mayo de 2016

Máscara veneciana.Capítulo 1



Capitulo 1

Allegra Cooper, esas palabras le pesaban tanto en su vida y apenas tenía dieciocho años. Desde pequeña aprendió que su apellido llevaba una gran carga debido a ser hija única y heredera del imperio Cooper.

Amaba a sus padres, sin duda eran su mundo pero a veces sentía una gran presión por su parte. Ella no se podía permitir disfrutar de cosas tan simples como una fiesta con sus amigas o salir a pasear al parque.Su educación era la base para su futuro y Allegra también lo creía así pero el internado le resultaba un lugar demasiado frio y distante, muy alejado y desprovisto de amor.

Sus sueños de estudiar medicina se vieron frustrados muy pronto, sus padres querían que para darles un disgusto. Sus sueños quedarían para otro momento de su vida .Pensar en lo que tenía que dejar la sumía en una pena inmensa y con frecuencia al pensar en ello sonreía al sentirse tan pesimista. Después de todo bien podría terminar economía, ayudar a sus padres en las empresas y con el tiempo estudiar lo que quería.

Sin lugar a dudas tendría que dejar de lado esa veta fatalista en sus pensamientos. La graduación paso tan rápido que esos sentimientos de pérdida de su libertad volvieron multiplicados por cien. Como regalo de graduación recibió un Ferrari, claro que a su padre le pareció mejor una de color negro que la clásica roja. Allegra sonrió con la idea, hasta en eso eran mesurados.

Las vacaciones con sus padres en Cambridge le dieron la oportunidad de relajarse y disfrutar de la ciudad. Pero esa paz se terminó cuando ellos quisieron dar una fiesta en la mansión para sus amigos. Allegra pensaba que tenían demasiados amigos pero esa por otra parte era algo lógico debido a su apellido y al imperio que ostentaban.

Colin Cooper, su padre, desde muy joven se hizo cargo de las empresas familiares. El negocio hotelero de los Cooper era el más importante de Inglaterra y uno de los cinco más importantes de Europa. Pero eso no era nada comparado con la tradición que el apellido tenía en Inglaterra, sus antepasados se remontaban a condes, duques, lores. A su padre no le interesaban los títulos, su vida eran su familia y sus negocios. Francesca Cooper, su madre, una mujer increíble que Allegra admiraba. Se conoció con Colin cuando ella tenía dieciocho años y el veinte, fue amor a primera vista. Pocos meses después estaban casados y Allegra coronaba ese amor. Ambos estudiaron economía y se dedicaron a las empresas y a su adorada hija. Al verlos en la entrada, Allegra veía a dos personas totalmente enamoradas y no pudo dejar de preguntarse cuando conocería a su príncipe azul. Los tres crecieron juntos, sus padres no pasaban de los cuarenta y ella dieciocho, sin embargo, sus padres tenían una sabiduría más allá de su edad.

Colin saludo a su hija y luego se dirigió al estudio no sin antes darle un beso a Francesca quien venia con una sonrisa traviesa y una tarjeta en la mano. Allegra miró de nuevo la tarjeta.

―¿Una fiesta de máscaras venecianas?.

―No te parece genial cielo, es tan romántico ―dijo Francesca y Allegra reconoció de inmediato ese tono soñador en su madre.

―Papá y tú son dos románticos empedernidos ―reconoció con una gran sonrisa abrazando a su madre.

―Gracias hija también pensé que sería una buena despedida de tu vida de adolescente, ahora eres una mujer y ya es hora de que pienses en matrimonio.

―¿Qué? ―exclamó Allegra sin poder creer lo que sus oídos escuchaban.

―Claro que si cariño, mira a tu padre y a mí. Nos casamos jóvenes, estudiamos y te criamos.¿Por qué no podrías hacer lo mismo tú?.

―Primero tendría que enamorarme mamá y lo siento mucho pero Francesca Cooper hay una sola, yo jamás podría hacer lo que tú hiciste. Eres una mujer increíble pero creo que no herede tus cualidades.

―Allegra vas a hacerme llorar, pero volviendo al tema creo que si puedes. Y si lo que te falta es enamorarte pues bien la fiesta del sábado es la mejor ocasión.

Miró a su madre y le fue imposible decirle nada ya que estaba tan emocionada con esa fiesta que no se la quería arruinar.

―De acuerdo tu ganas mamá pero si no me enamoró en la fiesta no te decepciones ―su madre estaba feliz con sus palabras.

―Verás que encontraras al hombre adecuado, vamos ayúdame a terminar de organizar la fiesta.

Resignada Allegra siguió a su madre para ayudarla en los últimos detalles de la fiesta. Mientras tanto una voz en su cabeza le decía que aunque no encontrará al “hombre adecuado” en esa fiesta disfrutaría su libertad antes de ceder a los deseos de sus padres. Allegra sonrió ante la idea de ser una chica mala aunque sea por una noche y así salió con su madre a la ciudad a comprarse una máscara veneciana.